Una alternativa: Permacultura

En vista de los alarmantes resultados obtenidos por la humanidad en el terreno de la agricultura convencional con respecto a la salud, desde al año 2019 en Guara.bio nos propusimos adentrarnos en la ejecución de la agricultura eco-lógica. Este término fue acuñado hace más de doscientos años con el propósito de hacer referencia al “conocimiento del hábitat”. La producción ecológica no es simplemente la ausencia de químicos en los fertilizantes y en los fitosanitarios. Si seguimos profundizando más en el área de la sanidad de las plantas y de los alimentos que nos producen, encontramos un gran campo de trabajo al que hemos de prestar la atención necesaria: el suelo. Y es aquí dónde precisamente se tiene que motivar un cambio de mentalidad, ya que el suelo, el agua y el aire son determinantes en la calidad de las plantas. En la finca de Lúsera encontramos estos tres elementos en una calidad inmejorable.

LA SALUD SE RESPIRA EN EL AMBIENTE

Con respecto a entender y trabajar el suelo, hemos decidido dar los primeros pasos en el ámbito de la permacultura. La permacultura es un sistema de diseños que trabaja con los patrones del ecosistema natural donde se ubica la finca que se quiere laborear.

En los alrededores de nuestra huerta tenemos una “escuela de naturaleza” que tiene mucho que enseñarnos.

El barranco de la Alaña recorre desde el Este hasta el Sur nuestra huerta. Desciende desde los altos de la Sierra, al Norte, donde nacen sus primeras fuentes hasta llegar al fondo del valle. Junto a este barranco hay una vegetación de bosque de ribera prepirenaico, con flores como la primavera (Prímula veris), frutos como las fresas silvestres (Fragaria vesca), avellanos (Corylus avellana), manzaneras silvestres (Malus sylvestris), tejos (Taxus bacata), serbales, llamados aquí cerolleras (Sorbus doméstica), galimbasteras (Mespilus germánica), chopos (Populus alba) o quejigos (Quercus faginea), y también hay arbustos como el boj (Buxus sempervirens) o los arañones (Prunus espinosa).

EJEMPLARES DE GALIMBASTERAS (MELISPUS GERMÁNICA), UN ÁRBOL MUY SINGULAR

Junto a este tipo de vegetación, se pueden hallar multitud de hongos, líquenes y fauna altamente diversa. Con sus complejas interacciones dan lugar a estos ecosistemas saludables y sombríos bosques surcados por aguas de lluvia y manantial.

En las márgenes de los campos y por el interior de la finca hortícola se intercalan bosquetes mixtos de quejigos como especie principal, que se acompañan en las zonas de solano con aliagas (Genista escorpius), sanguíneos (Cornus sanguínea), Chungueta (Aphyllanthes monspeliensis) y rosales silvestres, aquí llamados gabarderas (Rosa canina).

De estas zonas extraemos el principio de producción de suelo que utilizan los bosques, auténticas fábricas edafológicas

En este tipo de suelo encontramos multitud de vegetación viva que produce desechos como ramas muertas y hojas. También hay árboles caídos en estado de descomposición y gran cantidad de animales e insectos responsables de los desechos que formarán la cobertura del bosque. Encontraremos residuos de componentes muy variados y diferentes calibres que darán lugar a una gran diversidad de sedimentos. Estos servirán de alimento a nuestros vegetales y contribuirán a su desarrollo.

Dentro de este proceso debemos dedicar una atención especial a las grandes protagonistas del proceso de descomposición: las lombrices. Estas generan muchísimos microorganismos y elementos asimilables para las plantas en su proceso digestivo, y tienen una gran capacidad de aireación y regeneración del suelo.

Tras más de 60 años sin cultivar debido a la despoblación, en 2019 se inició una tarea de desbroce y trituración de la vegetación que se había generado en estas fincas. Esta gran cantidad de producto vegetal transformó la tierra al incorporar una nueva cobertura de astillas, corteza y serrín en verde. Más tarde las vacas fueron pasando por encima, comiendo los brotes tiernos que renacían de las raíces que permanecían vivas.


Durante este tiempo ha tenido lugar un lento proceso natural de compostaje que ha dado lugar a un sustrato húmico, producto de la acción de las lombrices y del paso del tiempo.

Iniciamos ahora unas pruebas con este rico manto vegetal, incorporando esta cobertura a modo de bancales en la huerta. Acabamos de sembrar semillas de guija (gachas), espárragos verdes, zanahoria o chirivía. También hemos plantado los primeros puerros de la campaña para estudiar su evolución con este sistema.

Hemos incorporado al cultivo una cobertura orgánica muy especial. Se trata de los restos extraídos de la limpieza de una antigua balsa que se había convertido en un pequeño bosque. Aquí incluso han aparecido ejemplares sanos de los preciados y ya escasos olmos.

EL OLMO ES UN ÁRBOL QUE ESTÁ AFECTADO A NIVEL MUNDIAL POR LA ENFERMEDAD VÍRICA GRAFIOSIS QUE LOS ACABA SECANDO, EN LÚSERA AÚN PODEMOS ENCONTRAR EJEMPLARES JÓVENES Y SANOS. SUS ANTIGUOS TRONCOS EN ESTADO DE PUDRICIÓN NOS SIRVEN DE ACOLCHADO PARA LOS ARÁNDANOS

La evolución del suelo en el bosque de quejigos y la acción de las lombrices han creado un “humus” perfecto en el que hemos plantado las primeras cebollas.

Con el paso de los días y los trabajos descubrimos cómo claramente la naturaleza de estos suelos de cobertura que hemos creado facilita el enraizamiento de las plantas. Este tipo de suelo retiene eficazmente la humedad liberándola a medida que la planta lo necesita. Además evita que las salpicaduras manchen la planta debido a la amortiguación del suelo en el caso de lluvias o riegos por aspersión.

Tras esta primera capa bajo la que se desarrollará la raíz de la planta, añadiremos posteriores capas de paja e incorporaremos un sistema de irrigación por microaspersión, similar a la lluvia que riega la naturaleza.


Trabajamos con la tierra, la cuidamos y aprendemos. Seguro que ella no hará menos por nosotros.

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